Alisos Negros

Llegó el tiempo de los caracoles
y en la casa sólo habitaban
luces de luciérnaga y nubarrones grises
amenazando lluvia.
Acurrucada bajo un paraguas hecho jirones
acariciabas tu antebrazo
como muñecas de la niñez,
y apenas un hilo de voz te abrigaba:

Volverás con el albor del otoño,
lo sé…

Sintiéndote hoja de encina.

Sabiéndonos a hurtadillas
alisos negros.

Se me antoja que volverás…

Y sabré entonces qué hacer
con todo ese amor
que dejé de dar.

Fue así que tomé tu aliento
como sorbo de café,
devolviendo los suspiros a la luna
y dejando anochecer,
mientras maúllo en tu regazo.

enol.sangayo.agosto.2008

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Engendro soñador mutable, de efectos secundarios impredecibles.