Los Muertos Vivientes


Ruge el acantilado como un león hambriento
a dos pasos del último paso.
Lo peor de todo
fue dejar de mirarte
a través del humo de los cigarros.
Frotar una sola piel
bajo el sonido de tu huella,
a tantas vidas de mi vida.

Hasta diez, me digo,
y hazlo bien por una vez:
Cinco,
Tres,
Siete,
Nueve.

Nunca supe contar en orden,
ya ves,
ni deshacerme de las cosas rotas.

Toma mis botas,
Patrona del Mar,
y súmame otra derrota...

2 paseos:

Marian Raméntol Serratosa 18 de febrero de 2010, 10:42  

los números en orden tampoco tienen por qué significar nada, y como muy inteligentemente sugiere el poema, hasta las cosas rotas sirven de sostén en muchas ocasiones...

Abrazos
Marian

Mayte Sánchez Sempere 18 de febrero de 2010, 14:52  

Te encuentro últimamente más corporeo, no me preguntes por qué, pero esa es la sensación: que escribes cosas que se pueden masticar.

Beso grande ¿Diablos mañana?

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