Leyendo

MARIO BENEDETTI

La Tregua
Esta tarde, cuando venía de la oficina, un borracho me detuvo en la calle. No protestó contra el gobierno, ni dijo que él y yo éramos hermanos, ni tocó ninguno de los innumerables temas de la beodez universal. Era un borracho extraño, con una luz especial en los ojos. Me tomó de un brazo y dijo, casi apoyándose en mí: "¿Sabes lo que te pasa? Que no vas a ninguna parte". Otro tipo que pasó en ese instante me miró con una alegre dosis de comprensión y hasta me consagró un guiño de solidaridad. Pero ya hace cuatro horas que estoy intranquilo, como si realmente no fuera a ninguna parte y sólo ahora me hubiese enterado.

JARDIEL PONCELA
Amor Se Escribe Sin H
Y como realmente seguir al lado de Ramona era tan perjudicial para mi salud como un espumoso de vitriolo, me fui para siempre. Antes le dejé una carta sobre la mesita de noche. La carta era esta:
(UN CINCO DE COPAS)
Y desde entonces, cuando oigo decir a una mujer que es muy romántica, le compro un tomo de poesías y subo a un taxi, procurando que ella se quede en la acera.


MARIO BENEDETTI
El Amor, Las Mujeres Y La Vida
Ellos tienen razón
esa felicidad
al menos con mayúscula
no existe
ah pero si existiera con minúscula
sería semejante a nuestra breve
presoledad
después de la alegría viene la soledad
después de la plenitud viene la soledad
después del amor viene la soledad
ya sé que es una pobre deformación
pero lo cierto es que en ese durable minuto
uno se siente
solo en el mundo
sin asideros
sin pretextos
sin abrazos
sin rencores
sin las cosas que unen o separan
y en esa sola manera de estar solo
ni siquiera uno se apiada de uno mismo.

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Engendro soñador mutable, de efectos secundarios impredecibles.