Ya va siendo hora

A Carlos Lago no le gustaban las viejas. Retorcía cada centímetro de piel al cruzarse con una. Y más si la desagradable coincidencia se daba en bodas de íntimos comunes. Era inevitable la inquisitoria cuestión: "Carlitos, ¿tu serás el siguiente, no? Ya va siendo hora...". Al margen de esa manía por diminutizar personas, a Carlos Lago no le gustaba llevar reloj, ni sabía nada de horas. Tan sólo que el agua no brota sin fisuras y que, desde siempre, le fatigan los nombres. Todo cambió cuando comenzó a asistir a funerales. Sonriente, afirmaba entre los más longevos: "¿Tú serás el siguiente, no? Ya va siendo hora...".
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Engendro soñador mutable, de efectos secundarios impredecibles.